"Caminante no hay camino, se hace camino al andar..." canta la popular canción. El paso por la vida se le representa como una acción comparable al caminar. En efecto, el avanzar del tiempo hace que tengamos la sensasión de acercarnos a una meta y de estar haciendo algo para merecerla. Las huellas que vamos dejando señalan la dirección de nuestro caminar y evidencia el esfuerzo realizado. Es bueno que nos preguntemos si tenemos clara la meta hacia la cual caminamos; de esa manera sabremos poner los medios adecuados y necesarios para llegar a ese destino. Si éste es extraordinario y noble, hemos de poner también los medios proporcionados a tan alto fin.
Dios nos señala la meta y nos facilita el camino. Es más, nos dice "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida". Sigamos alegremente ese camino poniendo los medios que Él nos ha dejado a nuestro alcance. Así, con nuestro esfuerzo, y sobre todo con su favor, arribaremos a la meta tan deseada.
El Adviento se nos presenta como un camino hacia el Señor que viene. Caminémoslo con dos viadores excelentes que se nos hacen los encontradizos. Ellos conocen, mejor que ninguno, el camino y la meta. Dejemos que José y María nos lleven de la mano.
sábado, 2 de diciembre de 2006
viernes, 24 de noviembre de 2006
Amanecer
El amanecer siempre ha sido fuente de inspiración para los más sensibles y finos artistas y literatos. Ellos nos ayudan a no perder el sentido de admiración ante las maravillas cotidianas que pasan delante de nuestros ojos. Esta cotidianidad, de la que tantas veces quiséramos salir, más bien huir, porque nos cansa y agota. Sin embargo, está llena de muchos momentos extraordinarios que no tenemos que dejar pasar. Cada instante es irrepetible, cada instante es un don, es una oportunidad. No salgamos de nuestra cotidianidad, más bien admiremos el don que se nos da cada mañana y llenemos de obras buenas cada instante que a lo eterno nos hila.
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